sábado, 13 de mayo de 2017

Uno. II

Yo siempre había creído que existía un Destino entrañable y escondido en la profundidad del ser. Dios era el Padre y yo necesitaba comunicarme con Él. Como sabes yo nací en una aldea entre los cerros. Era un lugar en el sur de la península Ibérica. La tradicional forma de vida campesina se estaba fracturando, la gente se iba a la ciudad en busca de prosperidad económica, las aldeas se despoblaban.
Yo tenía todo el cielo, todo el espacio, todo el silencio.
Todo eso cambió cuando también nosotros nos fuimos a Barcelona, año 73. Ya no tenía espacio, ni cielo, ni silencio. Tenía, eso sí, esperanza de progreso material para la familia. Lo que pasó es que esa esperanza era muy corta, volaba bajo. Sin lirismo ni misterio, sin magia ni inspiración. Una vida muy a ras del suelo sofocaba mis pulmones.


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Muchas veces sentía una suave nostalgia que se alargaba como queriendo llegar a un lejano recuerdo, a una ciudad que vivía entre cascadas de agua transparente. A veces escuchaba unos cantos entrañables tocando mi corazón y mi mente se esforzaba por localizar el origen, pues no procedían de nada conocido. Aquella ciudad se me acercaba en sueños radiantes, en momentos de alegría y comunión. Estaba convencida de su existencia y pensaba que un día llegaría por fin a encontrarla.
Ahora veo que la bondad sopla en esa dirección y la amistad nos conecta en esta búsqueda. Me siento parte de un pueblo que se ha ido forjando desde antiguo y cuyo proyecto es la liberación, entrar al paraíso.


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-Cuando los caminos amigos se encuentran todo el universo parece por unos instantes la patria añorada-. Esto escribió Hermann Hesse, escritor alemán al que sin conocer personalmente puedo sentir como a un amigo. Un pueblo universal que a través del tiempo y el espacio ha ido dejando sus señales.
Yo buscaba los caminos amigos, las intenciones amigas, la comunicación profunda.
Lo primero que atrajo mi atención fue aquel grupo de hippies. Se sentía que querían volar y que volaban. Ahora bien, pasado un tiempo iba comprendiendo que aquellos rituales de vuelo e inspiración eran círculos cerrados carentes de una dirección transformadora, al menos para mi.
Cuando te encontré sentí claramente que se abría una puerta a otra dimensión. A partir de entonces y habiéndome tú acercado la doctrina de Silo, fui avanzando por caminos insospechados. Encontrando en el camino a los que siento como a mis verdaderos amigos, personas excepcionales que han sido y son estrellas diamantinas consteladas en mi alma.


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Año 80. Ya era legalmente mayor de edad, había practicado el paso uno de Meditación transcendental en algunos de mis paseos. Entonces comprendí por experiencia lo que allí se explicaba referido a los ensueños que pueblan la mente y distorsionan la realidad.
Tú ibas a tu aire y te había perdido la pista, pero me dejaste materiales para estudiar y me regalaste el que hoy es mi libro guía: La mirada interna, de Silo. Busqué por las calles carteles de La Comunidad para el desarrollo humano y anoté una dirección. Fue en mi segunda visita cuando encontré el local atendido. Allí me quedé.
El viento soplaba vigoroso en las calles de Gràcia, las noches en los cafés, las acciones conjuntas, las tardes con la gente. La amistad, la ayuda, la experiencia. La comunidad.

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Gràcia es un barrio muy especial como su nombre indica. Allí están las plazas del Sol y del Diamante. Las calles, Perla, Topacio y Virtud.
Aquel día el sonido ambiental era suave y musical, soplaba una cálida brisa, el cielo era azul intenso y el sol irradiaba expansión.
El Sol, el centro luminoso. Una nave intergaláctica, la nave de los dioses. ¿Se puede entrar al sol? Sí, cuando éste es una esfera transparente y luminosa.
Aquel día yo me asomé al interior de mi propio origen y vi lo que no se ve de ordinario. Lo que puede ver la mente elevada en la gracia de la virtud. Vi el Diamante en el centro del Sol.
Cuando era una niña y vivía en la aldea solía irme a los cerros para buscar mi espacio de recogimiento. A veces cantaba, pero no era yo la que cantaba. Era una canción reconocible por mi alma pero que no estaba en mis recuerdos. La vibración de aquella canción era tan sumamente hermosa que al pasar por mi cuerpo lo acariciaba como el aire acaricia la espiga. Entraba en éxtasis y el paisaje giraba hacia el dorado.
:::*La nostalgia plateada abría un río al provocar los deshielos de los profundos sentimientos. Una lágrima caía en señal de gratitud. La tierra árida y sedienta estaba siendo bendecida y así los pájaros azules volviendo a las montañas::::*

2 comentarios:

  1. Hermoso relato de supervivencia del alma libre !!
    Gracias por las letras !!

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